Un sitio pequeño, y a mucha honra
En la calle Pablo Neruda, número 10. Sala con espejo entero, suelo de madera, máquinas de pilates y hamacas colgadas del techo.
Ángela. Y punto.
Si lees las reseñas del centro en Google hay un patrón que se repite en casi todas: nadie habla de las máquinas ni de los vestuarios. Hablan de ella.
Eso dice bastante de cómo funciona esto. No es una cadena con monitores rotando cada seis meses. Es una persona que lleva sus clases, que se acuerda de que la semana pasada te dolía el hombro y que te lo pregunta al entrar.
Tres cosas que no se negocian
No son un invento de la web para rellenar. Son literalmente las que Ángela escribió cuando presentó el centro por primera vez.
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Responsabilidad
Que cuando llegues esté todo en orden y lo único que tengas que hacer sea desconectar. Suena básico. No lo es tanto.
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Compromiso
Relación cercana con quien viene: entenderte y aconsejarte en función de lo que tú buscas, no de lo que toque vender ese mes.
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Alegría
Se entrena en serio y se pasa bien. Las dos cosas a la vez, que no son incompatibles por mucho que algunos gimnasios lo parezcan.
Turquesa, rosa y suelo de madera
Nada de nave industrial en penumbra con música a todo volumen. El centro es luminoso, de colores, y tiene el tamaño justo para que no te pierdas dentro.
Sala grande
Espejo de pared completa y suelo de madera. Aquí van zumba, bailes, yoga y funcional.
Máquinas de pilates
Reformer y silla, para las clases de pilates con máquina y el trabajo uno a uno.
Hamacas y suspensión
Telas colgadas del techo para el pilates aéreo y cintas para el total training.
Aquí se viene a moverse bien, no a moverse mucho.
Pásate y lo ves
La mejor forma de saber si esto encaja contigo es venir un día y probar.